La Vida que vence a la muerte

 

  • Busca un momento en tu jornada para orar.
  • Haz despacio la señal de la presencia, mientras dices con calma: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
  • Coloca ante ti este icono.
  • Abre la Palabra y lee estos dos textos: Marcos 16,1-9 y Pedro 3,18-22.
  • Deja tus preocupaciones. Serénate y prepara tu corazón para la sorpresa.
  • Pero ven con tus hermanos y hermanas, ven con su dolor y su gozo. Ten presente las situaciones de muerte que te llegan cada día del mundo. Acércate desde ahí al Señor.

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Jesús ha bajado a los infiernos para destruirlos. Uno de sus pies, con un gesto de increíble violencia, rompe las cadenas. La otra pierna, con un movimiento de danza, toma impulso para regresar al aire y a la luz. Con las manos agarra de la muñeca al hombre y a la mujer. Los arrastra fuera de las tumbas. Todos los rostros están iluminados. Han desaparecido las sombras. Cada persona es única, esconde en el rostro el secreto de una historia de liberación. Pero a la vez, entre ellas no hay separación: todas son llamas de un mismo fuego. Pisan la tierra pero aspiran al cielo. Este icono canta la victoria de la vida sobre la muerte. Es un canto a la vida. Cristo, con la fuerza de su divinidad, expresada en el fulgor blanquísimo de sus vestidos, anuncia la paz y la libertad. Cristo arranca de la muerte, pisotea todo lo que es muerte. Su triunfo todo lo envuelve de claridad y belleza. En su humanidad nueva empieza la nueva humanidad.

 

 

  • Abre la puerta de tu corazón a Cristo vivo.
  • Déjale bajar hasta el fondo de tu ser y sanar las zonas heridas que hay en ti, tus sentimientos y lenguaje de muerte.
  • Acoge la fuerza de su vida, la que ahuyenta toda sombra.
  • Abrete a la confianza, a la luz, a la esperanza.
  • El te levanta de todo lo que te esclaviza y te invita a recorrer el camino de la paz y la libertad.
  • Mira a tu alrededor y descubre a las hermanas y hermanos liberados y siéntete en comunión con todos.
  • Acaricia el deseo que hace nacer Jesús en tu corazón de construir un mundo recreado por el Espíritu, de relaciones nuevas, de amor a la vida, de lucha contra todo lo que esclaviza al ser humano.

 
 
 
Cristo, alegría del mundo,
resplandor de la gloria del Padre.
 
¡Bendita la mañana que
anuncia tu esplendor al universo!
 
Tus pies de peregrino,
anunciando amor por los caminos,
tocan heridas, rompen cadenas,
bailan la danza de la luz.
 
Tus manos cercanas,
expresión de la ternura del Padre,
agarran con fuerza a todo sepultado, llevan a la luz.
 
Tu resplandor no anula ningún rostro,
cada uno es reflejo, filigrana del Espíritu.
 
Todos, familia, comunidad.
Hombre de aquí, cercano a todo lo humano.
 
 
Dios de Dios, orientador de todo hacia la luz.
Pisoteas la muerte, toda muerte.
Anuncias libertad.
Convocas a un proyecto: ¡la nueva humanidad!

"Cristo ha resucitado de entre los muertos; con su muerte ha vencido a la muerte y a los que estaban en los sepulcros ha dado vida"