Salmo 115: Somos tus hijos

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“Somos el objeto del amor de Dios que nunca falla. Sabemos que siempre tiene sus ojos abiertos hacia nosotros, aunque parezca de noche. Es un papá, mejor aún; es una mamá. Nunca trata de hacernos daño; sólo quiere hacer el bien a todos” (Juan Pablo I). ¡Qué necesarias son estas palabras para no perder la fe cuando aparece la dificultad: una enfermedad grave, un sufrimiento por falta de amor, el hundimiento por calumnias. El salmista encontró una salida en medio del aprieto para invocar a Dios.

Tenía fe, aun cuando dije:
¡Qué desgraciado soy!
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Expresa en este momento de tu vida tu fe, esperanza y amor a Dios. Simbolízalo con una vela encendida.

Recuerda con agradecimiento lo mucho que le interesas al Señor y todo lo que ha hecho por ti. Da testimonio de su bondad en medio de la asamblea.

Haz eso poquito que puedas para alegrar la vida de los demás.

A veces no hay que predicar con muchas palabras; basta un gesto y una actitud. Son la mejor señal de que Dios es importante en nuestra vida.

“Todavía me conmueve hoy la actitud de mi padre. El, que llegaba siempre agotado de las faenas del campo, del acarreo de la leña..., después de la cena, se arrodillaba, los codos apoyados sobre el asiento de cualquier silla, las manos en la frente, sin una mirada para cuantos estábamos a su alrededor, sin un movimiento. Y yo pensaba: mi padre que es tan fuerte, que manda a todos en casa, que hasta los bueyes le obedecen, que se muestra tan valiente cuando las cosas van mal y tan poco tímido delante del alcalde y de los ricos del pueblo... he aquí que se hace tan pequeño delante de Dios. ¡Cómo cambia! Dios para mi padre tiene que ser alguien de muchísima importancia, pues se arrodilla ante él y de mucha confianza para que le hable en traje de faena” (Duval).