Salmo 1: "Dichoso quien se goza en el Señor"

 

Muchas veces hemos oído: dime cómo vives y te diré quién eres. La vida es como un espejo que refleja lo que vemos lo que llevamos dentro. Nos podemos preparar para vivir este salmo prestando un poco de atención a nuestra vida y a la vida de la gente: ¿cómo estamos? ¿Somos felices? ¿Vivimos con paz por dentro?

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Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos,
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
Será como un árbol plantado
al borde de la acequia:
da fruto en su sazón 
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

 

  • Visualiza esta imagen: un árbol plantado al borde de la acequia, con frutos, hojas verdes, sensación de vida.
  • Visualiza también esta otra imagen: Jesús, comunicando vida abundante, y tú, sentado a sus pies, acogiéndola.

 

  • El Espíritu nos desafía a algo grande: amar entrañablemente a los hermanos. El salmo nos ha dicho que, cuando uno está unido a Dios, “cuanto emprende tiene buen fin”.
  • Vivir la vida unidos a Jesús convierte nuestra vida en un regalo para los demás: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz” (Teresa de Calcuta).