30. María del Carmen, Estrella de los mares



• Cuando uno quiere dar un salto hacia delante, tiene que retroceder algunos pasos hacia atrás. El hoy se alimenta del ayer para construir el mañana. Los que formamos la familia del Carmelo no miramos al pasado glorioso solamente para recordarlo, sino también para construir, junto con otros muchos hermanos y hermanas, la nueva civilización del amor.
• La familia del Carmelo, desde sus orígenes, hizo alianza con María. Cuando los primeros carmelitas se establecieron en las cuevas del monte Carmelo, buscando el silencio y la soledad para contemplar al Señor, y construyeron una pequeña capillita dedicada a la Virgen, estaban poniendo los cimientos de una relación fecunda entre todos los carmelitas y la Madre del Carmelo.
• Santa Teresa de Jesús con su cariño tierno y misionero hacia la Madre; san Juan de la Cruz y su mirada permanente al misterio de María para aprender a dejarse guiar por el Espíritu, y tantos hermanos y hermanas, han seguido haciendo alianza con la Madre a través de los tiempos.
• “El Escapulario se convierte en signo de alianza y de comunión recíproca entre María y los fieles” (Juan Pablo II). El escapulario, por su sencillez, nos habla de las cosas de cada día, pero, por una rica expresividad, que lo convierte en patrimonio de los pobres de la tierra, nos habla de alianza con todos los pueblos y nos invita a darnos todos los seres humanos la mano en la hondura para compartir una recíproca pobreza. El Escapulario es una parábola de comunión, porque es regalo de una Mujer que besa cada día nuestra herida y nos acerca de forma entrañable, en su sí de mujer, la ternura de Dios Trinidad.



Los poetas cantan a la Madre del Carmen

Flor del Carmelo, Viña florecida, Esplendor del cielo, Virgen fecunda. ¡Oh Madre tierna! Da a tu Carmelo vida y consuelo, Estrella del mar (Simón Stock). “...Más yo siento caer sobre mi frente vuestra dulce mirada. Y un consuelo infinito de amor me ofrece un cielo -que no sabré ganar- eternamente” (Manuel Machado). “¡La milenaria sed de la esperanza en la cisterna de la paz se abreva!” (Juan Alberto del Carmen). “La perla más graciosa de sayal cubierta, cuanto más se encubre más al cielo alegra, que es propio de humildes heredar grandezas” (Francisco de Jesús). “¡Yo no quiero saber de qué está hecho este milagro que en mi vida brilla! ¡Yo no quiero saber cómo han venido estas cuatro palabras de María!... Yo no quiero saber: no sabe el prado tanta flor, tanta luz como lo habita... Pero sé que una estrella ha descendido y un abismo sin fondo se ha cubierto. El amor me buscaba con gemido y me encontró desnudo en el desierto” (Augusto Donázar) “Que tú me salvarás, ¡oh marinera Virgen del Carmen!, cuando la escollera parta la frente en dos de mi navío. (Rafael Alberti).

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“Elías subía a la cima del Carmelo; allí se encorvó hacia la tierra, con el rostro en las rodillas, y ordenó a su criado: ‘Sube a otear el mar’. El criado subió, miró y dijo: ‘No se ve nada’. Elías ordenó: ‘Vuelve otra vez’. El criado volvió siete veces, y a la séptima dijo: ‘Sube del mar una nubecilla como la palma de una mano’. Entonces Elías le mandó: ‘Vete a decirle a Ajab que enganche y se vaya, no le coja la lluvia’. En un instante se oscureció el cielo con nubes empujadas por el viento y empezó a diluviar” (1Re 18,42-45).



. ¿Qué habrá visto el pueblo de Dios en la Virgen del Carmen? ¿Por qué el amor a Ella ha calado tan hondamente hasta convertirse su fiesta en la fiesta de todos, especialmente de los más pequeños y humildes? ¿Por qué desde toda sequía se mira a la nubecilla del Carmelo? . La familia del Carmelo ha sido siempre rastreadora de la belleza. Se ha puesto en camino ‘buscando los amores’. Por eso, no es de extrañar que se haya asomado tanto a la vida de María, para descubrir la belleza de su corazón, que no es otra sino la presencia de Jesús. Jesús es el gozo de María, como lo es también de la Iglesia. . Los signos son pequeños: un poco de pan, un niño, una lágrima, un beso, un trozo de vestido, una nubecilla…, pero simbolizan mucho, expresan mucho. Son como ventanas abiertas que nos permiten captar un amplio horizonte.

Pequeña es la gota de rocío, y refresca las hojas agostadas. Pequeño es el grano de trigo, y llena las mesas de pan. Pequeño es el grano de uva, y llena de vino las copas. Pequeñas es la piedra preciosa, y adorna la corona real. Pequeño es el hombre al nacer, y, hoy por hoy, no hay nada más grande que él” (J. Guillén)

Palabra de la Iglesia “Un espléndido ejemplo de esta espiritualidad mariana, que modela interiormente a las personas y les configura a Cristo, primogénito entre muchos hermanos, son los testimonios de santidad y de sabiduría de tantos santos y santas del Carmelo, todos crecidos a la sombra y bajo la tutela de la Madre” (Juan Pablo II).



EL BARCO DEL CARMELO REZA Y CANTA, AL HACERSE A LA MAR DEL NUEVO DÍA, Y EN SU MÁSTIL POR VELA SE LEVANTA EL SANTO ESCAPULARIO DE MARÍA



Revístenos con tu escapulario, revístenos con tu amor. Conságranos en la hondura de tu amor, conságranos en la belleza de tu mira. Acógenos en tu corazón para que hagamos de nuestro corazón una casa que te acoja. Ven con nosotros al camino, cuida de nuestra frágil barquilla. No olvides que eres Madre de cada uno y de cada una de nosotros, que llevas dentro nuestro rostro grabado en tu corazón. Cuídanos para que no sucumbamos en los mil peligros del mar hasta que lleguemos un día felices al ansiado puerto de la gloria celestial. “Atráenos, Virgen María, caminaremos en pos de ti”.



Sé testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. Anuncia a todos el amor de Dios. Enlaza tu amor a María con la tarea misionera.