29. Vámonos a ver en tu hermosura



• Salimos por un momento de nuestras cosas y tareas para entrar en la casa de María. No hace falta ir muy lejos, porque ella está metida de lleno en los pequeños detalles de la vida. La puerta está siempre abierta. Los motivos por los que queremos estar con la Madre pueden ser muchos, no importa. Nos acercamos a María con una actitud de sorpresa, de asombro, de alegría, de encuentro misterioso y apasionante. Y lo hacemos como quien tiene sed y quiere beber, como quien quiere contemplar la belleza. Ella nos invita y nosotros aceptamos gustosos.
• Más o menos así piensan millones de peregrinos que, en los más recónditos lugares, se ponen en camino para visitar a María, la de las mil invocaciones. Van y la miran y se sienten mirados. Sus ojos se encuentran y algo pasa. Iban con los problemas en las manos, con el dolor, con la esperanza. Vuelven a sus casas con la alegría de la sonrisa de María, con su belleza grabada en las entrañas, con fuerzas para continuar la tarea de un mundo nuevo iniciada por Jesús.
• María no está separada de la comunidad, no vive vida aparte. Nos acompaña en el camino, vive en nuestra casa. María es de todos, entra en la casa de todos. Todos quieren descubrir en ella el rostro materno de Dios.



Poema.
¡Oh Virgen de los mil nombres y un solo corazón. Desde el Sur hasta el Norte, desde el Este al Oeste, la historia fue sembrando de santuarios nuestra geografía, como un manto tejido con tus manos de madre. No hay llanto en esta tierra que no pase, María, por tus manos. No hay gozo en que no brille tu luz. No hay esperanza que tú no hayas sembrado. No hay oración que suba hacia tu Hijo sin pasar por tus blancas manos intercesoras” (José Luis Martín Descalzo)

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"Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros" (Efesios 1,17-19).



Vámonos a ver en tu hermosura. Porque el mundo, nuestro mundo, sólo se salvará por la belleza. Y cuando un corazón ama y es amado, percibe la belleza de la persona amada, sobre todo la belleza invisible de su corazón. Al entrar despacio en la presencia de María, reconocemos en ella un principio de gozo y plenitud, de belleza y esperanza. ¡Toda hermosa!, así invoca la Iglesia a la mujer que, desde su Concepción inmaculada, refleja más perfectamente la belleza divina.

Vámonos a ver en tu Evangelio. Andamos empeñados, ante el nuevo milenio, en las tareas de una nueva evangelización, no solo para los de lejos sino también para los de cerca. Todos estamos necesitados de una buena noticia, que ponga en fuga nuestros desalientos, y nos lleve de nuevo al camino. Asomarse a María es descubrir el Evangelio, vivido y encarnado en toda su frescura. Rezar el Avemaría es descubrir un Evangelio, que se hace corazón, saludo y bendición, ruego y alabanza.

Vámonos a ver en tu vida. A pesar de que a menudo nos creemos mayores de edad y independientes, no podemos vivir sin modelos de referencia. Necesitamos encontrarnos con historias de personas, que sean un canto de amor, en las que suceda algo nuevo. María nos ofrece una existencia emocionada por Dios. Todo lo suyo: su cariño y su pobreza, su familia y su trabajo, su pueblo y su corazón... todo está habitado por Dios y es lugar de encuentro para que todos los hombres se sientan como en casa. ¡Vamos a pasar muchos ratos con ella!, porque los que de verdad se quieren gozan cuando se multiplican los momentos de relación y pueden en cada encuentro estrenar el gozo del saludo, la palabra cariñosa, la mano abierta, el beso. ¡Que María restaure en nosotros la semejanza divina!



 ¿Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor? Le rinden honor la mística y la luz, el mármol, la palabra y el color. ¿Quién será la mujer que el rey y el labrador, invocan en su dolor? El sabio, el ignorante, el pobre y el señor, el santo al igual que el pecador.
MARÍA ES ESA MUJER QUE DESDE SIEMPRE EL SEÑOR SE PREPARÓ PARA NACER COMO UNA FLOR EN EL JARDÍN QUE A DIOS ENAMORÓ. ¿Quién será la mujer radiante como el sol, vestida de resplandor? La luna a sus pies, el cielo en derredor, y ángeles cantándole su amor. ¿Quién será la mujer humilde que vivió en un pequeño taller? Amando sin milagros, viviendo de su fe, la esposa siempre alegre de José.



Invocaciones a María.
Con María recorremos el camino de una fe que ilumina la vida.

  • María, mujer de fe, que viviste siempre abierta a Dios.Santa María. Ruega por nosotros.
  • María, peregrina de la fe a lo largo de toda tu vida. Santa María. Ruega por nosotros.
  • Madre a quien podemos acudir con toda confianza. Santa María. Ruega por nosotros.
  • Con María recorremos el camino de la esperanza que pone música en el corazón María, que esperaste confiada el reino de tu Hijo. Santa María. Ruega por nosotros.
  • María, Madre del tiempo nuevo, danos esperanza. Santa María. Ruega por nosotros.
  • María, fuente y vida nuestra, llévanos a Jesús. Santa María. Ruega por nosotros.
  • Con María recorremos el camino de amor que se hace encuentro, cercanía, solidaridad. María, servidora de Dios y de los hombres. Santa María. Ruega por nosotros.
  • María, Madre de la humanidad nueva, enséñanos a amar. Santa María. Ruega por nosotros.
  • Madre de los pobres, que ofreces tu ternura a los más débiles. Santa María. Ruega por nosotros.



Cuida tu mundo interior. No dejes que entre lo que pueda manchar la morada de Dios, la casa de María. Lucha para que no se profane la belleza y dignidad de cada hombre. No te cruces de brazos ante el fatalismo del “nada se puede cambiar”.