26. Con el Espíritu en misión



• Millones de personas emigran cada año de un lugar a otro. Buscan algo, pero también dan mucho. Buscan pan y paz, trabajo y salud; dan lo que han visto con sus ojos en sus pueblos de origen y que llevan guardado en el corazón. Con su aportación surge una nueva cultura, más rica, más de todos, más del Espíritu.
• “Sin el Espíritu, Dios queda lejos, Cristo permanece en el pasado, el evangelio es letra muerta, la Iglesia es pura organización, la autoridad es tiranía, la misión es propaganda, la liturgia es simple recuerdo, y la vida cristiana una moral de esclavos” (Ignacio IV Hazim, patriarca de Antioquia).
• María es la mujer que entra en comunión con el Creador hasta límites insospechados, es la mujer que ve el mundo con los ojos del Espíritu. Allí donde empieza a nacer la fe en el corazón de todos los discípulos, está María.
• Sin María, no podrá una comunidad que se sabe enviada al mundo soportar la espera del Espíritu sin perder la esperanza. Los misioneros de todo don y de toda belleza, alentados por María, son como las nubes, que cruzan sin papeles toda frontera, son como los pájaros, que en todos los sitios cantan y ponen sus nidos.
• Representantes de siete de las principales religiones del mundo escalaron el Everest, en una expedición para promover la paz y la tolerancia en el mundo. El grupo estaba integrado por diez alpinistas de varios rincones del planeta.



Relato.
Érase una vez un maestro que viajó con grandes dificultades a un lejano monasterio, porque vivía en él un anciano monje famoso por hacer preguntas espirituales sumamente agudas. ‘Santo padre, dijo el maestro, dame una pregunta que renueve mi alma’. ‘Ah, sí, bueno, dijo el anciano monje, tu pregunta es: ¿Qué necesitan?’ El maestro se debatió con la pregunta días y días, pero finalmente, deprimido, se dio por vencido y regresó disgustado donde el anciano monje. ‘Santo padre, dijo el maestro, he acudido a ti porque estoy cansado, deprimido y seco. No he venido aquí a hablar de mi ministerio, sino de mi vida espiritual. Por favor, dame otra pregunta’. ‘Ah, bien, naturalmente. Ahora lo veo, dijo el anciano monje; en tal caso la pregunta adecuada para ti no es: ¿Qué necesitan?; la pregunta adecuada para ti es: ¿Qué necesitan verdaderamente?’

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“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería” (Hch 2,1-4).



. Donde nace la comunidad, espiritual y misionera, allí está María. En los albores del anuncio del Evangelio a todos los pueblos, está María, colocada en el centro de la Historia de la Salvación.

. Cuando el revuelo del Espíritu pone a todos en camino misionero, allí está María, alentando todo envío, ofreciendo a todos la ternura para el camino.

. Urgida por la misma fe que la hizo bienaventurada, María forma parte de la misión de la Iglesia, que introduce a los hombres y mujeres en el reino de Jesús.

Palabra de la Iglesia “En la mañana de Pentecostés María presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (EN, 82). “La Iglesia, que con nueva lucidez y decisión quiere evangelizar en lo hondo, en la raíz, en la cultura del pueblo, se vuelve a María para que el Evangelio se haga más carne, más corazón del pueblo” (EN 81).



REINA DE LOS APOSTOLES, MADRE DE DIOS. FORMA TÚ NUESTRA MENTE Y VOLUNTAD, Y NUESTRO CORAZÓN.



Madre de los ausentes, umbral de la ternura recobrada: Todos los hijos pródigos te llaman, sin saberlo, con la boca vacía bajo los algarrobos desmayados mientras muere la tarde sin respuesta en la ausencia de Dios. Refugio de los muertos pecadores, hogar de todo llanto: Tú que sabes la pena de haber perdido a Cristo y buscarlo en las calles, día y noche, y preguntar inútilmente a todos, desvivida en la busca de su Cara… ¡recoge en la gavilla de tus brazos a todos los pródigos que llaman, tiritantes de neón y de frío, ¡y acógelos a todos, oh Seno de la vida!, ¡congréganos a todos, bajo el techo del júbilo paterno, con el pan del amor entre las manos nuevas…! (Pedro Casaldáliga).



“La vida se nos da y la merecemos dándola” (Tagore). Haz visible la gracia que te habita mediante: . El sendero de la paz, que exige un espacio donde todos quepan. Reducir todo a lo que yo pienso, a lo que yo soy, engendra violencia. . El sendero de la justicia, que no es sólo dar gratis lo que gratis has recibido, sino responder de tu vida ante los otros, responder de los otros, hacerte cargo de ellos. “Se te va a exigir ahora más por habérsete manifestado mi verdad” (Santa Catalina de Siena). . El sendero del amor, que deja sin salida al individualismo. . El sendero de la libertad, que se traduce en liberación y en la utopía de lanzarse sin amarras hacia adelante.