Diálogo entre Culturas, Civilizaciones, Religiones

Mi presencia aquí entre vosotros, surgió de una llamada telefónica, inesperada, informándome de esta Semana de Espiritualidad y solicitando mi participación. Casualmente habíamos compartido en Comunidad ese día en la oración el texto evangélico:" Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá..." y ¿cómo negarme a poner mi granito de arena en esta hermosa tarea? Comparto con gozo mi sencilla reflexión hecha oración.

IGUALES Y DIFERENTES.

Convivimos en interculturalidad es un reto que nos plantea. la sociedad en la que estamos inmersos. Basta pasear por cualquiera de nuestras calles para encontrar rostros con rasgos diferentes. Dios nos creó a todos los seres humanos iguales en dignidad, pues ya en el primer capitulo del Gn.1,26 dice" Hagamos al ser humano a semejanza nuestra"...El ser humano lleva en si mismo la imagen de Dios, y ahí radica nuestra grandeza. Sí, pero esta igualdad no la hemos integrado en la vida y henos sido nosotros los encargados de ir creando diferencias que nos separan: multitud de barreras, limites, distancias y divisiones; ansias de dominio y poder que han producido desigualdades no queridas por Dios donde unos viven con mucho y otros malviven con muy poco. Cuando el mal ajeno y el sufrimiento de los otros se vuelve propio, cuando el golpe injusto, el dolor del inocente y la tragedia nos conmueve hasta las entrañas no puede sino despertar en nosotros la nostalgia de esa fraternidad perdida y el deseo de recuperarla. Tomar conciencia de un plan de Dios quebrantado y la disposición a tender de nuevo lazos, puentes y manos abiertas para: Recrear la fraternidad. ¿Qué hacemos en nuestra vida diaria, para que la igualdad de derechos sea una realidad al menos en nuestro entorno?

IGUALES EN DIGNIDAD, DIFERENTES EN CULTURA.

Acercarnos a lo distinto es una forma de conocer, entender, sentir, vivir e integrar formas enriquecedoras tanto a nivel personal como social. A lo largo de la historia los pueblos han intercambiado experiencias culturales, ideas y valores. La cultura es algo dinámico adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Entendemos la cultura como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que caracteriza una sociedad o un grupo social y abarca no solo las artes y las letras sino los modos de vida, los diferentes valores tradiciones y creencias. Todas las personas con sus peculiaridades y diferencias, tienen los mismos derechos. Solo reconociendo esa igualdad como punto de partida, la diversidad se convierte en una riqueza mutua y no en una excusa para los privilegios o la exclusión. La diversidad cultural es patrimonio común de la humanidad (Declaración Universal de los Derechos humanos). El respeto a la diversidad de culturas, la tolerancia, el diálogo y la cooperación en clima de confianza y entendimiento mutuo garantizan la paz. Diversidad: Un don y una tarea. La diferencia sexual hace posible la vida. La diversidad cultural da riqueza y colorido, hace posible que tengamos conciencia de quienes somos; nos complementa. Lo diferente en ocasiones, nos da miedo, lo vemos como una amenaza en vez de percibirlo como posibilidad, por eso usamos prejuicios y estereotipos para "defendernos". Hablando de todo esto, cómo no tener en cuenta la compleja realidad de las migraciones, el impacto tenido de forma creciente en la vida de los pueblos y países y en concreto en nuestra ciudad de Burgos donde más de 6.000 inmigrantes la han elegido para vivir en ella. La mayor parte de los extranjeros sin papeles vienen a nuestro país empujados por la miseria económica ¿Cómo nos implicamos en esta realidad? ¿Que nivel de calidad de vida somos capaces de ofrecerles desde la acogida, el respeto cordial, el compartir lo que somos y tenemos? Cuando se hacen obras de justicia a su favor en el respeto de sus derechos fundamentales estamos dignificándoles. Ellos también nos aportan su riqueza. En mi corta pero intensa visita a Camerún y al Chad con motivo de una reciente implantación comunitaria tuve la suerte de conocer cosas y gente diferente: Una cultura diferente, con gente diferente, con color diferente, con realidad diferente, con condiciones y situaciones de vida muy distintas que interrogan e interpelan nuestra sociedad de consumo. También recibí muchos regalos experimenté el calor de la acogida, además del de la temperatura ambiente, el sentido del recibimiento y del encuentro, del compartir con generosidad y alegría. El regalo del paisaje, el regalo de la oración y la celebración llena de ritmo y colorido. El regalo de la sonrisa y algarabía de lo niños que nos salían al encuentro y no se apartaban de nuestro lado. El regalo de conocer misioneros estupendos, entregados, con ilusión en su servicio que nos acogieron en sus casas con sencillez y nos hicieron sentir en familia ... podría seguir enumerando... no es esto una gran riqueza que invita a la apertura, a celebrar lo diverso, lo diferente desde un mismo amor? La fraternidad es imposible si considero a los demás meros ejecutores de mis órdenes. Todos tenemos necesidades y recursos. Nadie es tan pobre que no pueda aportar algo ni tan rico que no necesite de los demás.

IGUALES EN DIGNIDAD, DIFERENTES EN CULTURA, ÚNICOS PARA DIOS.

Cada persona es única e irrepetible. La tentación de la uniformidad pierde la batalla ante la libertad y singularidad de cada persona. Nuestra diferencia genérica, cultural, ideológica, religiosa es una llamada a la apertura interior para acoger al otra como don. Porque todas las personas tenemos los mismos derechos y porque somos únicas y diferentes, todas debemos disfrutar también del derecho a la diferencia; es decir el derecho a que se nos reconozca, se nos respete y se nos valore tal cual somos. Lo singular es lo nuevo que aporta al mundo cada criatura humana que nace. Nuestra mirada tiene que estar sensible a percibir esa singularidad: la de toda persona y también la de cada relación con cada una de ellas. Ser distinto no debería equivaler a ser automáticamente discriminarlo o rechazado. Nuestra percepción de los demás está influenciada por criterios sociales y culturales, generalmente aprendidos que pueden constituir la base de los prejuicios y estereotipos. Si a todo ello se añade valoraciones negativas sobre grupos, personas, comportamientos o capacidades existe una clara predisposición a adoptar actitudes de intolerancia. ¡Que bueno es pedirle al Señor con frecuencia que agudice nuestra mirada para descubrir detrás de cada rostro, en el fondo de cada mirada un hermano, un compañero de camino con sus sufrimientos y alegrías, para tratar a todos y a cada uno como son, como tu lo hiciste con la Samaritana, con Pedro, con Juan, como lo haces conmigo! Estamos en tiempos de retos y compromisos; vivir el aquí y ahora como tiempo de gracia, de oportunidad. Aprender a convivir: urgencia y posibilidad. Tener siempre la puerta abierta a la acogida, favorecer el intercambio de conocimiento creando ámbitos de encuentro, aprendiendo a querer a cada uno como es porque el diálogo intercultural tiene como finalidad clara la paz. La experiencia religiosa es una dimensión del ser humano, es apertura a la trascendencia, ofreciendo respuestas a las cuestiones fundamentales del sentido de la vida. Dicen los expertos que el siglo XXI se caracterizará por la defensa de la dignidad humana. Los cristianos tenemos que aportar un plus de humanismo, el valor de la vida, la pasión por lo humano, el promover incansablemente la dignidad humana. La vida se empieza a quitar desde el momento que le negamos a otro su dignidad, cada vez que le negamos una oportunidad, cada vez que olvidamos o ignoramos a la persona con su rostro, su vida sus sentimientos para anteponer categorías que aíslan, dividen, estigmatizan. El diálogo entre culturas presupone el reconocimiento del otro lo que estimula y potencia vida.

Termino con esta parábola: Un rabino o un patriarca musulmán, poco importa reunió a dos de sus discípulos y les hizo la pregunta: ¿Cuándo nace el día? Uno contestó: Cuando ya no confundes un perro con una oveja. El otro contestó: Cuando el hombre ya no se confunde con su sombra. No- fue la respuesta del rabino- Cuando de lejos confundes a extranjero con uno de los tuyos y, de cerca tú y él os fundís en un mismo abrazo: Entonces nace el día. Pues que sea también de día en cada uno de nuestros corazones. Muchas gracias.