Salmo 33, 2-23

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  • Cuando alguien hace un descubrimiento o cuando vive una fuerte experiencia, se crea una gran expectación a su alrededor.
  • Son muchos los que se acercan para escuchar algo importante y vital. Todos podemos hablar de Dios. Pero no es lo mismo hablar de oídas que hablar desde la experiencia.
  • Es un gozo escuchar esas palabras. Es un gozo mayor imitarle. Quien se ha encontrado con él habla con entusiasmo, con fascinación; quiere contagiar a otros su experiencia.
  • Adviento es una actitud de bendición.

  

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen
y se alegren.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
El lo escucha
y lo salva de sus angustias.
Pero  el señor se enfrenta con los malhechores
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos;
no será castigado quien se acoge a él.

 

- Los ojos del Señor te están mirando. “Mira que te mira”.

- Los oídos del Señor escuchan tus gritos. Háblale con el corazón.

- Sigue el consejo del salmista. “Contempladlo y quedaréis radiantes”

- Siéntate con otros y comparte con ellos tu experiencia de Dios. Estarás formando un grupo de oración, un espacio habitado por la Santísima Trinidad.

 

Asistimos hoy a una auténtica revolución de los medios de comunicación. Una forma de vivir este salmo puede ser utilizar estos medios para comunicar todo lo que tiene vida y belleza dentro. Cuando encontremos un testimonio o un libro, o una canción, que huelan a vida, extendámoslas a nuestro alrededor. Porque hoy sigue habiendo heridas que solo la belleza del Señor puede curar.