20. María, discípula de Jesús

 

  • ¿A quién seguir en estos comienzos del s. XXI? ¿En quién depositar la confianza? El Papa Juan Pablo II, en un encuentro con los jóvenes, se atrevió a soñar un mundo de personas seguidoras de Jesús. Seguir a Jesús es dejarle espacio para que pueda transformar nuestra vida.
  • Con todos los seres humanos formamos un pueblo de peregrinos. Mientras caminamos, escuchamos las pisadas de tantos hombres y mujeres que, de diferentes maneras, sienten la sed y se ponen en camino en busca de los manantiales.
  • El Espíritu, que está presente en toda la creación y en todos los pueblos, nos empuja a caminar con los ojos abiertos, con capacidad para las sorpresas, porque nada de lo que ya hemos vivido agota lo que Dios ha preparado para los que lo aman.
    Alentados por el Espíritu hacemos nuestros “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo… Todos son a la vez gozos, esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1.34).

 



Testimonio:
“Esa es vuestra tragedia. ¡Olvidáis! ¡Olvidáis al Dios que hay en vosotros! ¡Queréis olvidar! El recuerdo implicaría el alto deber de vivir como un hijo de Dios... ¡Es mas fácil olvidar, convertirse solamente en un hombre… ¡Vivir negando la vida! (Eugene O´Neill).

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Texto Bíblico: “Una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Pero él repuso: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11,27-28).

 

  • La verdadera dicha de María está en la fidelidad a la palabra oída y escuchada en el corazón. La experiencia de la santidad consiste en escuchar y practicar lo que Jesús le pide.
  • María aprendió a seguir a Jesús, haciendo el camino con él, paso a paso. Se vinculó incondicionalmente a la persona de Jesús, a su estilo de vida. No se concibió nunca al margen de él.
  • María aprendió a seguir a Jesús junto con otros seguidores. Ella “avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz” (LG 58), por eso puede alentar ahora a todos los peregrinos. 
  • Palabra de la Iglesia: “Pero a la bendición proclamada por aquella mujer respecto a su madre según la carne, Jesús responde de manera significativa... Quiere quitar la atención de la maternidad entendida sólo como un vínculo de carne, para orientarla hacia aquel misterioso vínculo del espíritu, que se forma en la escucha y en la observancia de la palabra de Dios” (RM, 20). “María era dichosa, porque antes de llevarle en su seno llevaba ya en su espíritu al Maestro...” (San Agustín).



YO QUIERO SER ARCILLA ENTRE SUS MANOS, YO QUIERO SER VASIJA DE SU AMOR QUIERO DEJAR LO MÍO PARA EL.



Padre nuestro, tu palabra nos hace salir de nuestra tierra, tu aliento nos acompaña en el camino. Tú nos abres el oído para oír a Jesús, nos invitas a seguir sus pisadas. María nos precede en el camino, lleva encendida la antorcha de la fe. Viene con nosotros una gran comunidad de hermanos y hermanas, que tú nos has regalado para hacer en iglesia el camino. Los dones con que tu Espíritu embellece a cada uno, son compartidos por todos en una mesa común. Con los mejores hijos de la iglesia decimos: “Gocémonos Amado y vámonos a ver en tu hermosura, al monte o al collado, do mana el agua pura. Entremos más adentro en la espesura”.



Compromiso: Estrenaremos cada día unas relaciones con los demás basadas en el servicio y en la entrega, en la renuncia a toda ambición de poder y de dominio sobre ellos. Anunciaremos la belleza de Jesús para que haya cada vez más personas que le sigan.