19. Jesús se pierde

 

  • De repente solo vemos lo nuestro, lo que tanto aparece en los telediarios: el mundo partido en dos mitades cada vez más alejadas entre sí, la tierra cada vez más deteriorada por el abuso, la abundancia y perfección técnica de los medios de comunicación junto a la pobreza de mensajes que decirnos unos a otros. Y entonces preguntamos, ¿dónde está Jesús? ¿dónde se ha perdido? ¿dónde ha quedado su proyecto? Cuando al ser humano se le arrebata la dignidad y los derechos básicos … ¿quién le devuelve a su rostro la luz y la esperanza?
  • De repente también, un día nos damos cuenta de que Jesús se nos está escapando del alma, de que se está apagando la luz que durante años nos había iluminado.¿Qué hacer en medio de la oscuridad de su ausencia? Todo parece envuelto en el silencio.
    Ante nosotros aparecen los que abandonan desilusionados, o los que sin esperanza, se lanzan a buscar los despojos. Pero también aparecen los testigos de la búsqueda en la noche. Ellos son luz cuando Jesús se pierde: “Buscando mis amores / iré por esos montes y riberas / ni cogeré las flores / ni temeré las fieras / y pasaré los fuertes y fronteras” (San Juan de la Cruz).



Parábola
“Un poderoso sultán viajaba por el desierto, seguido de una larga caravana, que transportaba una pesada carga de riqueza en oro y objetos preciosos. A mitad del camino, cercado por el fuego de los arenales, un camello, extenuado, cayó para no levantarse. El arca que transportaba sobre sus espaldas, crujió y se deshizo dejando esparcidas sobre las arenas joyas y brillantes. El príncipe, no teniendo con qué recoger el precioso caudal, hizo un gesto entre displicente y generoso, invitando a sus pajes y criados a guardarse lo que cada uno podía cargar sobre sí. Mientras éstos se abalanzaban con avidez sobre el rico botín para buscar entre los granos de arena otros granos que brillaban un poco más, el príncipe siguió adelante su camino por el desierto. De pronto, escuchó los pasos de alguien que caminaba a sus espaldas. Se volvió y advirtió que era uno de sus pajes que le seguía, jadeante y sudoroso. - Y tú –le preguntó-, ¿no te quedas a recoger nada? - El joven respondió con sencillez llena de distinción: - Yo sigo a mi rey”.

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“Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados te andábamos buscando. El les dijo: ¿Y por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? (Lc 2,48-49).

 

  • La pérdida de Jesús desencadena en José y María una búsqueda apasionada. Recorren los caminos, preguntan a la gente, vuelven atrás. Sin él no tenía ningún sentido seguir adelante. Cuando perdemos a Jesús entramos en la noche.
  • Cuando por fin lo encuentran no entienden lo que les dice. Se sorprenden ante las palabras del hijo. Pero no se desmoronan ni abaten sino que las guardan cuidadosamente en su interior.
  • Jesús pronuncia ante ellos la primera palabra que ha recogido el Evangelio: “Mi Padre”, una palabra fundamental para Jesús. Jesús se debe a su Padre y al proyecto del reino. Toman la actitud de los pobres y llenos de paz se preguntan: ¿Qué quiere decirnos con esto? ¿Qué querrán decir estas palabras? De este modo sus pensamientos van siendo penetrados por el esplendor de esa palabra.
  • Así, guardando en el corazón las palabras de Jesús, permanecen abiertos al misterio. ¡Dichosos los que en medio de la oscuridad siguen caminando al encuentro del Señor! 
  • Palabra de la Iglesia: “Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que “ha creído”, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos” (RM, 46).



PIENSO EN TI CUANDO LLEGA EL DOLOR. PIENSO EN TI AL REIR Y AL AMAR. PIENSO EN TI PORQUE MI CORAZÓN, TRISTE CAMINA, TRISTE CAMINA, SI TU NO ESTAS.



Teresa de Jesús nos habla de otra realidad: de nuestro alejamiento de Dios. Nos perdemos y esto desencadena una búsqueda apasionada por parte de Dios hasta encontrarnos. De nuevo, pero puestos en boca de Dios, tienen sentido los versos del místico: “Buscando mis amores / iré por esos monte y riberas...”

“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejaba yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo que no me tornase a levantar con darme Vos siempre la mano. Y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo” (Vida 6,9).



Cuando tantos abandonan la cercanía de Jesús al experimentar su ausencia, tú haz como el paje del sultán y di: “Yo sigo a mi Señor, al que amó sin fronteras y tenía en su corazón una compasión sin límites”.